Jorge soltó una risa desdeñosa:
—Abre bien los ojos y mira alrededor, todos son mis hombres. Si te atreves a hacer algo estúpido, te aseguro que te convertirás en un colador en un instante.
—Sr. Pedro, las balas no tienen ojos, mejor ríndete ya —Tenmei sonrió triunfante.
Los habitantes de País L siguen con su viejo problema, les gusta la lucha interna.
Por supuesto, esta era la situación que él deseaba ver.
—¡Pedro! Si no quieres morir, mejor ríndete ahora, ¡o te arrepentirás demasiado tarde! —C