Pedro levantó la pierna y pateó a un robusto hombre que yacía en el suelo, lanzándolo como un proyectil humano que golpeó duramente contra Ignacio.
—Te advertí que no la tocaras —Pedro se acercó lentamente, sus ojos tan fríos como el hielo.
—¡Joven! Esto es una estación de policía, más te vale no hacer algo estúpido —Ignacio amenazaba mientras retrocedía.
—¿Y qué si actúo imprudentemente? —dijo Pedro con una fría sonrisa, aplastando la mano de Ignacio bajo su pie.
—¡Ah! —Ignacio volvió a gri