Delicia, después de subirse al coche, comenzó a sentirse somnolienta, claramente afectada por la enfermedad. Al acercarse al hospital, su cuerpo empezó a temblar incontrolablemente. A pesar de abrigarse completamente, no podía detener el temblor, un síntoma típico de fiebre.
—¿Tienes frío? —preguntó una voz masculina a su lado.
Delicia, agotada, abrió los ojos para mirar al hombre y murmuró débilmente con un sonido nasal:
—¡Sí!
Realmente sentía frío. Deseaba poder meterse bajo las mantas y en