Observando su actitud despreocupada, el hombre tenía los ojos llenos de ira, hasta su rostro, siempre suave y claro, se torcía por la furia.
—Delicia, ¿cómo puedes ser tan descuidada? Acabas de volver del extranjero y ¿ya no puedes esperar? ¿Qué vio en ti Carlos? —preguntó el hombre.
—No sé qué vio, pero Carlos sí me eligió. —respondió Delicia con desdén, sin molestarse en explicar.
Su falta de explicación, intencionadamente confundía los hechos.
Viendo cómo se oscurecía el rostro de Alvaro, ell