Antes, Delicia ya tenía sospechas sobre Yolanda.
Pero cuando realmente la vio, su corazón... no pudo evitar sentir un escalofrío.
Adivinar que Yolanda podría tramar algo contra ella era una cosa, pero enfrentarse a la realidad era otra completamente distinta.
Respiró hondo.
Al ver que Delicia no se movía, la mirada de Alvaro se volvió fría y severa. Dijo:
—¡Delicia!
Esas dos palabras, casi como si las escupiera con rabia.
Delicia respondió:
—¡Alvaro, realmente estás ciego, realmente lo estás!
Y