Tras colgar el teléfono con Delicia, Isabel se apresuró a llamar a Alvaro. Él contestó con un simple ‘¿Sí?’.
—¿A dónde te diriges ahora?
—¡A Cancún!
—¡Estás loco! —Isabel no pudo contener su enfado.
—¡Vuelve enseguida! No importa qué problemas haya con Yolanda, yo me encargaré.
—¿Quién te lo ha dicho?
La voz de Alvaro, desde el coche, se tornó más grave.
Justo al salir de Palacio Jazmines, Isabel había llamado. Lo primero que Alvaro pensó fue que, de alguna manera, Isabel tenía un informante en