Delicia se dirigía a la habitación de huéspedes, pero la mirada amenazante del hombre la obligó a regresar al dormitorio principal donde habían estado antes. Al ver todo lo familiar, el corazón de Delicia no pudo encontrar paz.
—¿Seguro que no te vas a duchar? —le preguntó él, su aliento caliente en el cuello de ella, haciendo que Delicia se tensara por completo.
Al girarse para mirarlo, sus ojos destilaban puro rencor. En su vida pasada, él la había quemado viva en ese mismo lugar, y ahora, en