Delicia, con una sonrisa burlona en los labios, contestó triunfante al teléfono:
—¡Sí, tengo un tío! ¿Y tú?
Su voz estaba teñida de una satisfacción evidente. Recordando cómo esa mujer había tramado contra ella en el pasado, ahora era su turno de provocarla.
—¡Tengo a Alvaro! —exclamó Yolanda con un tono cargado de resentimiento.
Alvaro, el único apoyo que le quedaba a Yolanda. Ella, que lo había perdido todo, nunca había imaginado cómo se sentiría estar completamente despojada de todo. Inclu