Isabel, con un asunto urgente que atender, vio a Antonia presente y, sin pensarlo mucho, le pidió que se quedara con Yolanda.
—Quédate aquí con Yolandita durante dos horas. Volveré pronto. Y no la dejes contestar llamadas.—dijo Isabel, un tanto confundida.
El móvil de Yolanda ya había sido destrozado por ella.
Antonia, consumida por el fuego de los celos, asintió obedientemente:
—Vaya, yo me encargo.
—Qué buena eres. —dijo Isabel, aliviada y agradecida por la fiabilidad de Antonia, antes de