Delicia siempre había sido la que cubría sus exorbitantes gastos mensuales. Por supuesto, él nunca la había maltratado. Fue él quien la transformó en una gata de alta alcurnia. Pero, ¿quién iba a imaginar que, una vez que ella lo dejara, su vida florecería y su carrera despegaría tan espectacularmente? Nadie sabía qué le depararía el futuro.
Delicia, con un tono indiferente, preguntó:
—¿Tiene algún sentido hablar de esto ahora?
No quería ni mirar a Alvaro. Comunicarse con él ahora le parecía to