Aunque Delicia ya no tenía ataduras en Ciudad de México, después de haber vivido allí tantos años, todavía sentía un lazo emocional. Después de todo, no era tan despiadada como Alvaro. La idea de mudarse al extranjero la hacía sentir como un junco sin raíces, flotando sin destino. Al oír esto, su Néstor en el teléfono se volvió serio:
—¡Tengo otro asunto importante que confiarte!
—¿Qué es? —preguntó Delicia, casi por reflejo.
Néstor dijo:
—Flavia González ha mostrado poco interés en regresar a