Isabel estaba tan furiosa que temblaba incontrolablemente. La sala se había convertido en un hervidero de chismes y murmullos tras la declaración de Delicia. Alvaro miraba a Delicia, sus ojos llenos de una frialdad penetrante, y su rostro, normalmente sereno, ahora reflejaba una ira palpable hacia ella.
Las disputas anteriores siempre habían sido privadas, sin testigos externos, aunque algunas habían sido expuestas. Pero nunca antes Delicia había confirmado públicamente tales rumores. Ahora, ell