¿Qué era aquello que le permitía aceptar tan descaradamente los favores de esos hombres frente a él? Delicia, con un gesto de ira, lanzó su bolígrafo con fuerza sobre la mesa.
—Mañana no iré a la mansión. Aún tienes tiempo para encontrar otra acompañante. Ah, Yolanda también podría ir contigo. —dijo con frialdad al mencionar a Yolanda.
¡Esa mujer no estaba ciega! Sin embargo, Alvaro no lo creía, incluso cuando ella intentaba desenmascarar a esa mujer frente a él, recibió una bofetada. Mejor no