Alvaro estaba ya enfadado, pero ahora se sentía temblar de ira. ¿Violencia doméstica? ¿Había exagerado tanto sus palabras?
—¿De verdad no sabes por qué te golpeo?
¿No era obvia la razón de cada golpe? Era por... ¡por Yolanda!
Delicia lo miraba con ojos penetrantes y le decía:
—¿Crees que importa la razón por la que me pegas cada vez que mencionas a Yolanda?
¡Es un principio que cualquiera entendería, y él lo hacía tan complicado!
Delicia bajó la vista y siguió trabajando en los documentos que