Punto de vista de Bill
La mañana gris y lúgubre envolvía el camino hacia la prisión. Sus imponentes muros, coronados de alambre de púas, dibujaban un horizonte amenazante. Al cruzar las pesadas puertas metálicas, el estruendo resonó a mis espaldas como un eco sombrío.
Avancé por un largo corredor custodiado por guardias de rostros impasibles y pasos mecánicos. Llegamos al área de visitas, un espacio severo y desnudo, partido por una gruesa barrera de cristal que se extendía de extremo a extremo.