Punto de vista de Serena
No podía dejar de temblar, pero mantuve el arma firme, apuntando alternativamente entre el guardia y el hombre sentado frente a mí. Mi corazón latía desbocado, cada fibra de mi cuerpo en alerta, tratando de mantener el control. Pero ese hombre solo me miraba con esa sonrisa inquietante. No estaba asustado. Parecía divertido, como si yo estuviera siguiendo un guión que él ya conocía.
—Tienes agallas, señorita —dijo con su marcado acento francés, inclinando ligeramente la