Punto de vista de Serena
En cuanto entré por la puerta de Bill, supe que había caído en una emboscada.
El lugar era un caos organizado: maquillistas peinadores y vestidos de revista por todas partes. Me quedé quieta, tratando de disimular mi incomodidad, pero el gesto de ánimo de Bill no ayudó.
Un hombre con un estilo llamativo se acercó moviendo las manos como director de orquesta. Me miró de arriba abajo con una sonrisa pícara.
—Vaya lienzo en blanco me has traído —dijo—. Cariño, esto va a re