Sarah me esperaba en el vestíbulo. Al verme, se incorporó, mirándome la cara para saber cómo había sido la reunión.
—¿Qué dijo Federico? —me preguntó, con una voz firme pero expectante.
Asentí con la cabeza, sintiendo que una parte de la tensión se disipaba.
—Le gustó la idea —le respondí—. De hecho, quedó impresionado. Dijo que era ambiciosa, pero que valía la pena intentarlo. Hasta la llamó “interesante”, lo cual, viniendo de Federico, era un gran elogio.
La cara de Sarah se iluminó con una so