La expresión de Lancaster manifestaba las inmensas ganas de poseer su cuerpo, y, mientras su mirada se aferraba a su boca, supo sin remedio que sería suya en cuerpo y alma.
Sin que diera indicios de nada, se volvió a poner de pie. Lancaster tomó sus manos y las llevó a su duro tórax con la intención de que ella lo explorara. Incrédula, acarició esa parte mientras él inclinaba su cabeza hacia atrás y suspiraba. El torso ancho era duro y suave, exactamente como ella lo había imaginado.
Ella expl