CAPITULO 36

Al parecer, no pensaba regresar hasta ella, porque recostó sus caderas a la columna de madera del dosel de la cama; se cruzó de brazos por unos segundos y luego extendió su mano al aire, llamándola con el dedo índice.

—Acércate, Claire —exigió sin preámbulos.

El cuerpo de ella cobró vida sin que los impulsos de su cerebro le ordenaran moverse, con el profundo anhelo de cumplir su sueño más preciado. Él también emprendió camino, acortando la distancia que los separaba. Estando uno frente al otro
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