John miró de arriba abajo al hombre que era prácticamente de su estatura y le plantó cara. No era de los que huyen de una pelea, más bien de los patanes que las propician.
— Ah, ¿Sí? ¿Me partirás la cara? — Lo desafió con la inmadura actitud de gallito fino acortando la distancia con del otro hombre — No creo que alguien estirado como tú se atreva, seguramente no querrás que esa ropa elegante se mache, ¡O algo así!
Se burló dándole otra ojeada a los pantalones de vestir y a la camisa de seda ab