Capítulo Sesenta y Dos

POV de Nadia

Las calles estaban oscuras, casi inquietantemente silenciosas, mientras me apresuraba, mi bolso apretado contra mi pecho. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que me traicionaría, anunciaría cada paso a quienquiera que estuviera observando. No podía parar, no podía permitirme pensar demasiado: pensar llevaba a la hesitación, y la hesitación era peligrosa. Cada sombra, cada movimiento en las aceras débilmente iluminadas hacía que mi pulso se disparara.

Había pensado que huir me daría control, me haría sentir poderosa, independiente, inquebrantable. Me había equivocado. El segundo en que salí, la ciudad se sintió más grande, más fría e infinitamente más peligrosa que la seguridad del apartamento de Adrian. Incluso con las farolas arriba, la oscuridad se sentía como si presionara, y casi podía saborear el miedo en el aire.

Fue entonces cuando lo sentí: el movimiento antes de poder verlo. Una figura, silenciosa, con propósito, moviéndose en las sombras adelante. Mi estómago
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