Punto de vista de Nadia
Damien iba unos metros por delante, su silueta recortada contra la luz cegadora. Se movía con esa economía letal que solo tienen quienes han aprendido a caminar entre la muerte sin mirarla a los ojos. De vez en cuando giraba la cabeza, los ojos entrecerrados, escaneando la maleza alta que flanqueaba las vías como centinelas silenciosos. No hablaba. Ninguno lo hacía. Las palabras se habían vuelto un lujo peligroso; cada aliento era demasiado valioso para gastarlo en algo