Punto de vista de Nadia
El silencio entre nosotros era absoluto y pesado, cargado de todo lo que no nos atrevíamos a pronunciar: el miedo a que Victor nos alcanzara, el terror de lo que yo estaba convirtiéndome, la certeza de que cada minuto que pasaba me costaba un pedazo más de mí misma.
Dentro de mi cabeza, la presencia permanecía en un silencio vigilante, pero yo podía sentirla respirando, esperando, midiendo el momento exacto en que mi resistencia flaqueara.
«Estás al límite,» susurró