Punto de vista de Nadia
Los hospitales tienen una forma de encoger el tiempo.
Cada segundo se estira hasta volverse insoportable, luego colapsa en nada. Había estado sentada junto a la cama de Elena el tiempo suficiente como para que el zumbido de las máquinas ya no se registrara como sonido, sino como presencia, como otra entidad en la habitación: paciente, implacable, viva de una forma que se sentía cruelmente irónica.
Parecía más pequeña de lo que debería. Frágil de una manera que me dolía e