La paz duró exactamente tres semanas.
Fue un martes por la mañana, cuando el cielo amaneció cubierto de nubes grises y el mar olía a tormenta. Valentina estaba en la cocina preparando el desayuno para Mariana, que ya gateaba por el suelo del faro con una energía inagotable. Nicolás había salido al pueblo a comprar provisiones, y Elisa estaba en la terraza leyendo un libro.
Todo era tranquilo. Demasiado tranquilo.
El primer aviso fue el sonido de un motor. No era el motor de un coche ni de un ba