El faro estaba más frío de lo que recordaba. O quizá era el miedo metiéndose bajo su piel, helándole la sangre mientras el viento golpeaba los viejos muros de piedra. Clarissa apretó los brazos contra el pecho, pero ninguna capa de abrigo podía protegerla del escalofrío que le provocaban las palabras de Mateo. Con los dedos tan rígidos que casi rasgaban el borde de las hojas, hojeaba los papeles que él le había entregado apenas media hora antes. Fotografías borrosas, tomadas a escondidas en des