Sentía mi cuerpo pesado, agotado, mientras un dolor punzante me atravesaba la cabeza. La sangre bajaba lentamente por mi cuello, empapando cada vez más mi camisa. Traté de recordar lo que había pasado en casa de mi abuela, pero todo estaba borroso, como una niebla espesa que no me dejaba pensar con claridad. Solo tenía en mente el golpe brutal en la parte trasera de mi cabeza.
¿Qué diablos había pasado?
Al abrir los ojos, me di cuenta de que estaba amarrado a una silla. El lugar parecía un sóta