Llegamos a nuestro departamento. Le pedí a Mike que fuera por los niños a casa de los padres de Darius. Después de muchas objeciones por su parte, logré que aceptara, con la condición de que uno de los guardaespaldas se quedara en el departamento cuidándome.
Subo a la habitación que compartimos Darius y yo, voy al armario y busco algo ligero para ponerme. Justo cuando estoy a punto de entrar al baño, el teléfono suena y me apresuro a contestar con la esperanza de que sean buenas noticias.
—¿Bue