Llegamos al aeropuerto y abordamos el jet privado de la familia de Darius.
Cuando lo veo de cerca, me quedo embobada al contemplar el elegante avión con el apellido Evans grabado en el fuselaje. Uno de los mozos de equipaje se encarga de nuestras maletas y otro nos guía para subir al jet.
Al entrar, me quedo boquiabierta. El interior es más lujoso de lo que imaginaba.
—¿Te gusta? —pregunta Darius, rodeándome la cintura con su brazo, sonriendo.
—Me encanta, es increíblemente hermoso —respondo, i