Joaquín
El auto se deslizaba por las calles hacia la corte, y mi mente no podía estar más revuelta.
Había decidido no decirle nada a mi esposa sobre este primer juicio.
Ella necesitaba tranquilidad, no ansiedad. Ya bastante tenía con su embarazo y todo lo que había pasado. No iba a dejar que este proceso la afectara.
Me pasé una mano por el rostro, suspirando.
Observé mi reflejo en la ventanilla: traje impecable, corbata perfectamente ajustada… pero el nudo en mi estómago no se iba.
No era