Camila
—Te ves mucho mejor, mi reina —dijo con esa sonrisa que me derretía—. Y más hermosa que nunca.
Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír.
—No digas tonterías, Joaquín. Llevo días aquí, con esta bata horrible.
Se cruzó de brazos y me sonrió con picardía. Sus ojos se oscurecieron y se relamió los labios.
—¿Qué? —pregunté, arqueando una ceja.
—Nada… —murmuró, sentándose a mi lado en la cama—. Solo pensaba que te ves increíblemente sexy con esa bata de hospital.
—¿Sexy? ¿Con esta bata que