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Capítulo 4 —Una ecografía, dos mujeres

Capítulo 4 —Una ecografía, dos mujeres

Evangelina abandonó el país al día siguiente.

No le informó a Adrián la hora del vuelo ni el lugar donde se alojaría hasta que el avión estuvo en el aire. Le envió un mensaje breve, acompañado por una fotografía de su pasaporte y una caja de vitaminas prenatales sobre una mesa.

“El médico recomienda tranquilidad. Te llamaré cuando esté instalada”.

Adrián leyó el mensaje dos veces. No respondió. La fotografía no disminuyó su enojo ni cambió la forma en que aquel embarazo había comenzado. Sin embargo, ver las vitaminas hizo que la noticia adquiriera una realidad incómoda. Evangelina podía haberlo engañado para concebir, pero el niño no tenía ninguna responsabilidad.

Buscó el número de la clínica.

Esteban atendió después de varios tonos.

—Doctor Luján.

—Adrián Del Valle.

El breve silencio al otro lado confirmó que esperaba la llamada.

—Señor Del Valle, comprendo que quiera hablar conmigo.

—Lo dudo. Si comprendiera algo, habría destruido mi muestra cuando recibió la orden.

—La situación no es tan sencilla.

—La orden sí lo era.

Adrián se levantó y caminó hasta la ventana de su oficina. La ciudad se extendía debajo, indiferente a la furia que llevaba conteniendo desde la visita de Evangelina.

—Mi esposa asegura que usted le realizó otra inseminación.

—Así fue.

—¿Y el resultado?

—Positivo.

Escuchar la confirmación de Esteban produjo un peso extraño en su pecho. Ya había visto el análisis, pero una parte de él todavía esperaba que Evangelina hubiese exagerado o manipulado la información.

—¿Con qué autorización utilizó mi muestra?

—La documentación del procedimiento está en regla.

—Yo no firmé nada.

—Existe una autorización incorporada al expediente.

—Entonces es falsa.

Esteban guardó silencio.

—No puedo discutir información clínica por teléfono.

—Acaba de confirmar una inseminación y un embarazo.

—Porque su esposa le comunicó previamente ambos hechos.

—No intente esconderse detrás de la confidencialidad después de utilizar mi material genético sin consentimiento.

—La clínica actuó conforme a los documentos presentados.

Adrián apretó el teléfono.

—Escúcheme bien. Si encuentro una sola irregularidad, no me limitaré a demandarlo. Voy a asegurarme de que esa clínica no vuelva a abrir las puertas y que usted no pueda ejercer ni en medio de la selva.

—Las amenazas no cambiarán la validez del procedimiento.

—No es una amenaza. Es lo que ocurrirá si descubro que está mintiéndome.

Cortó la comunicación antes de que Esteban respondiera.

En su despacho, el médico permaneció con el teléfono en la mano. Había conseguido sostener la mentira, pero Adrián no aceptaría durante meses una explicación basada en papeles. Revisaría firmas, fechas y autorizaciones. Si alguien cometía el menor error, llegaría hasta Valentina.

Esteban abrió el expediente falso de Evangelina y comprobó por tercera vez que los documentos coincidieran.

A miles de kilómetros, Evangelina preparaba el siguiente movimiento.

La noticia apareció esa misma tarde en sus redes sociales. La publicación mostraba dos manos entrelazadas sobre una manta clara y, junto a ellas, un par de pequeños escarpines blancos. El texto anunciaba que ella y Adrián esperaban a su primer hijo y atravesaban juntos una nueva etapa.

Adrián se enteró por las llamadas.

En pocos minutos, su teléfono se llenó de mensajes, solicitudes de entrevistas y felicitaciones. Miró la fotografía con incredulidad. Las manos ni siquiera eran las suyas, pero la frase sobre la reconciliación no dejaba espacio para dudas.

Llamó a Evangelina.

—Retira esa publicación.

Ella apareció en la pantalla, sentada junto a una ventana. Parecía descansada y serena.

—Buenas tardes para ti también.

—No estamos atravesando juntos ninguna etapa.

—Vamos a tener un hijo. Eso nos une aunque no te guste.

—Anunciaste una reconciliación que no existe.

—No utilicé esa palabra.

—No fue necesario. Sabías perfectamente lo que entenderían.

Evangelina sostuvo su mirada.

—¿Qué prefieres que diga? ¿Que me abandonaste después de enterarte de que estoy embarazada?

—Prefiero que no utilices al niño para manipular a la prensa.

—Yo no los obligué a interpretar nada.

—Elimina la publicación.

—No.

La respuesta fue tranquila, casi amable, y por eso lo irritó aún más.

—Voy a negarlo todo, diré que hace más de tres meses que estamos separados y que estaba a punto de iniciar los trámites de divorcio.

—Hazlo. Explícales que me abandonaste por no poder darte un heredero y ahora, que estoy embarazada, ya no te interesa. Seguro te comprenderán.

—Yo no te dejé por eso, Evangelina, y lo sabes. Lo nuestro nunca fue amor, siempre fue conveniencia, hasta que llegó a su fin.

—Pues yo lo desmentiré, y ya me dirás a quien le creen, si a un arrogante y amargado hombre, o a una mujer que lleva a su pequeño descendiente en el vientre.

Adrián sintió el golpe escondido en aquellas palabras. Podía exponerla, pero Evangelina se presentaría como una mujer desesperada por ser madre; él quedaría como el hombre que repudiaba al hijo antes de nacer.

—Esto no va a devolverte nuestro matrimonio.

—Entonces no debería preocuparte lo que crean los demás.

Evangelina terminó la llamada.

Los días pasaron y, mientras el falso embarazo ocupaba titulares, Valentina esperaba su primer control sin saber que la imagen que estaba a punto de recibir ya tenía otra dueña.

Esteban mantuvo la expresión serena mientras deslizaba el transductor y observaba la pantalla. Valentina permanecía rígida, pendiente de cualquier cambio en su rostro.

—¿Está bien?

—Todo se encuentra donde debe estar.

—Eso no suena demasiado entusiasta.

—Porque es muy pronto. Pero el embarazo avanza correctamente.

Giró un poco la pantalla hacia ella. En medio de las sombras grises aparecía una pequeña forma oscura.

—¿Eso es?

—El saco gestacional.

Valentina contempló la imagen sin parpadear.

—Parece un punto.

—Por ahora, lo es.

Ella sonrió con los ojos llenos de lágrimas.

—Daniel habría dicho que se parece a él.

Esteban apartó la vista de la pantalla.

—Le imprimiré una copia.

Minutos después, Valentina sostuvo la primera imagen de su hijo entre las manos. No entendía las cifras ni las marcas del borde, pero conocía el significado de aquel punto oscuro: estaba allí, era real.

—¿Puedo llevarme otra? —preguntó—. Quiero dejar una en la pastelería.

—Por supuesto.

Esteban imprimió dos copias. Cuando Valentina se marchó, una tercera fue enviada al otro lado  del océano con el nombre de Evangelina Del Valle en el encabezado.

Adrián recibió la videollamada esa noche. Evangelina sostuvo la imagen frente a la cámara.

—Pensé que querrías verlo.

Él acercó el teléfono.

—¿Es de hoy?

—Sí.

—¿No era que no querías otro doctor?

—Y no lo tengo... —hizo una pausa— bueno sí, pero es de la misma clinica, ellos tienen una filial aquí, y el doctor Lujan supervisa todo en persona.

A explicación era coherente, y él no tenía porque dudar... no aún

—Bien, ¿y qué dijo el médico?

—Que todo avanza bien.

Por un instante, la rabia perdió terreno. Adrián observó aquella mancha casi indescifrable e intentó aceptar que ahí comenzaba la vida de su hijo. No había elegido el momento ni la mujer con quien concebirlo, pero ya existía.

Recordó los meses en que había esperado una noticia semejante y las veces que el silencio de Evangelina al regresar de la clínica había bastado para anunciar otro fracaso. Entonces había deseado ser padre. Había imaginado una habitación, un nombre y una vida distinta. Ahora aquella posibilidad llegaba convertida en una imposición, pero no por eso podía mirar la ecografía sin sentir algo. El niño no había elegido el engaño. Tampoco merecía cargar con su rechazo.

—Envíame el informe completo.

La sonrisa de Evangelina se volvió rígida.

—Te lo enviaré mañana.

—Esta noche.

—Adrián, estoy cansada.

—Solo tienes que enviar el archivo.

—Necesito descansar. Te llamaré mañana.

La pantalla quedó oscura antes de que él pudiera insistir.

En la clínica, Janeth revisaba los estudios procesados durante el día cuando encontró dos ecografías idénticas asociadas a pacientes distintas.

Al principio pensó que se trataba de un error de carga. Abrió ambos archivos y comparó fechas, medidas y códigos. Todo coincidía, salvo los nombres. La imagen original pertenecía a Valentina Ríos. La segunda había sido incorporada horas más tarde al expediente de Evangelina Del Valle.

Janeth buscó los análisis previos. Los resultados de Evangelina también eran copias exactas de los de Valentina.

Sintió un frío repentino.

Abrió el registro del procedimiento y localizó el código de la muestra utilizada. No correspondía a Daniel Ríos. Siguió la cadena de conservación hasta encontrar al verdadero titular: Adrián Del Valle.

Volvió a revisar cada número, convencida de que había leído mal. El resultado no cambió. La muestra de Adrián figuraba como pendiente de destrucción, pero había sido retirada el día de la inseminación de Valentina.

Janeth consultó el inventario. La muestra de Daniel permanecía congelada.

—No puede ser —murmuró.

Intentó descargar los registros. El sistema rechazó la operación. Probó de nuevo y apareció un aviso informándole que sus permisos habían sido suspendidos.

La puerta del laboratorio se abrió.

Esteban entró sin prisa.

—¿Qué estás haciendo?

Janeth cerró el expediente y se obligó a respirar.

—Revisaba los procedimientos del día.

—Ese no corresponde a tu turno.

—Debí abrirlo por error.

Esteban miró la pantalla y después a ella.

—Procura que no vuelva a ocurrir.

—Claro.

Él permaneció unos segundos más, evaluándola, antes de retirarse. Janeth esperó hasta que sus pasos desaparecieron por el corredor.

Sacó de su bolsillo la memoria donde había alcanzado a guardar parte de los registros y abrió las copias en un equipo sin conexión al sistema.

Colocó los dos historiales uno junto al otro.

Evangelina no tenía registrado ningún procedimiento.

Valentina estaba embarazada con la muestra que Adrián había ordenado destruir.

Janeth comprendió que aquello no era un error administrativo. Alguien había utilizado el cuerpo de una mujer para construirle un embarazo a otra.

Y si revelaba lo descubierto, se enfrentaría a personas capaces de manipular una vida antes incluso de que naciera.

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