Inicio / Romance / Un Bebé con la mujer EQUIVOCADA / Capítulo 3 —La última muestra
Capítulo 3 —La última muestra

Capítulo 3 —La última muestra

Valentina regresó a la clínica dos días después con la sensación de estar caminando dentro de un sueño demasiado frágil.

La prueba casera continuaba guardada en el marco torcido que Daniel había fabricado, pero necesitaba una confirmación médica. Algo escrito en un papel. Una certeza que no dependiera de dos líneas observadas con los ojos llenos de lágrimas.

La enfermera le extrajo sangre y le indicó que aguardara. Valentina pasó casi una hora sentada en la misma sala donde había esperado antes de la inseminación. Esta vez, el asiento vacío a su lado no le pareció una ausencia, sino un espacio reservado para todo lo que estaba por llegar.

Cuando Esteban la recibió en su despacho, sostenía una hoja entre las manos.

—El resultado es positivo.

Valentina permaneció inmóvil.

—¿Positivo de verdad?

—De verdad. Los valores corresponden a un embarazo muy reciente y están dentro de lo esperado.

Ella bajó la mirada hacia su vientre. La alegría regresó acompañada del mismo miedo que había sentido en el baño de su casa.

—Entonces funcionó.

—Funcionó.

Esteban giró el resultado hacia ella. Valentina recorrió las cifras sin comprenderlas, hasta detenerse en su nombre y en la palabra que confirmaba el embarazo.

—¿Qué debo hacer ahora?

—Continuar con la medicación y evitar esfuerzos innecesarios. Programaremos el primer control dentro de unos días.

Valentina asintió, dobló cuidadosamente el papel y lo guardó en su bolso.

—Gracias, doctor.

Esteban desvió la mirada.

—Cuídese mucho.

Ella abandonó el despacho con una sonrisa temblorosa.

En el ascensor, Valentina apoyó la espalda contra el espejo y cerró los ojos. Quiso llamar a Martina, correr hasta el cementerio o entrar en la primera tienda infantil que encontrara. No hizo ninguna de las tres cosas. Sacó el resultado del bolso y volvió a leerlo. Embarazo confirmado. Daniel habría celebrado aquellas palabras como si fueran un premio. Ella, en cambio, apenas podía respirar bajo el peso de una felicidad que todavía le parecía prestada. Guardó el papel cuando las puertas se abrieron y salió abrazando el bolso contra su pecho con fuerza.

Esteban esperó hasta escuchar la puerta del ascensor antes de tomar el teléfono.

Evangelina llegó veinte minutos después.

Entró sin anunciarse, cerró la puerta y extendió la mano. Esteban le entregó una copia del resultado.

—La inseminación funcionó —dijo—. Valentina Ríos está embarazada.

Evangelina leyó el documento con una calma que a él le resultó inquietante.

—¿Los valores son buenos?

—Sí, pero es demasiado pronto. Todavía pueden ocurrir muchas cosas.

—Entonces procurarás que no ocurra ninguna.

Esteban se recostó contra el respaldo.

—Soy médico, Evangelina. No puedo controlar un embarazo.

—Puedes vigilarlo.

—Ella no tiene motivos para venir más veces de las necesarias.

—Los tendrá. Quiero copias de cada análisis, cada informe y cada ecografía.

Esteban entrelazó las manos sobre el escritorio.

—Sustituir la muestra ya fue una locura. Falsificar un embarazo durante nueve meses multiplica las posibilidades de que alguien descubra lo que hicimos.

—Lo que hicimos no puede deshacerse.

—Todavía podrías detener esto antes de hablar con Adrián.

Evangelina levantó lentamente la mirada.

—¿Y decirle qué? ¿Que permití que una desconocida quedara embarazada con su última muestra? No seas ingenuo. Desde el momento en que realizaste esa inseminación, solo nos quedó una dirección.

—A ti te quedó. A mí me arrastraste contigo.

—Aceptaste ayudarme.

—No acepté sostener una mentira durante nueve meses.

Ella dejó el resultado sobre el escritorio.

—Pues comienza a acostumbrarte. Vas a duplicar todos los estudios de Valentina con mis datos. Cuando ella tenga una ecografía, yo tendré la misma. Cuando escuche un latido, Adrián también lo escuchará.

Esteban la observó en silencio.

—¿Y si exige que te examine otro médico?

—Me encargaré de que no pueda hacerlo.

Evangelina tomó el documento y salió sin despedirse.

Adrián Del Valle estaba revisando los documentos del divorcio cuando ella entró en su oficina. No había llamado ni solicitado una cita. Simplemente atravesó la puerta con la seguridad de quien todavía creía conservar derechos sobre todos sus espacios.

Él dejó la pluma sobre el escritorio.

—No recuerdo haberte invitado.

—Tenemos que hablar.

—Cualquier asunto pendiente puede tratarlo tu abogado con el mío.

Evangelina observó los documentos.

—Esto no puede tratarlo ningún abogado.

Sacó una hoja del bolso y la colocó frente a él. Adrián no la tomó.

—¿Qué es?

—Estoy embarazada.

La frase alteró el aire de la habitación.

Adrián la miró durante varios segundos, como si esperara que admitiera que se trataba de una provocación.

—Eso es imposible.

—No lo es.

—Llevamos tres meses separados.

—No dije que hubiéramos concebido de manera natural.

Adrián bajó la vista hacia el documento. Reconoció el membrete de la clínica, la firma de Esteban y el resultado positivo.

—Ordené destruir las muestras.

—Impedí que destruyeran la última.

Él se puso de pie tan bruscamente que la silla golpeó contra la pared.

—¿Qué hiciste?

—Me sometí a otra inseminación.

—Sin decírmelo.

—Sabía que te negarías.

Adrián tomó el informe y lo leyó. La fecha correspondía con los últimos días. Todo parecía auténtico.

—No tenías derecho.

—Soy tu esposa.

—Estamos divorciándonos.

—Todavía no hemos firmado.

Adrián rodeó el escritorio. Se detuvo frente a ella sin tocarla, pero la furia en su cuerpo bastó para obligarla a retroceder.

—Congelé esas muestras porque existía la posibilidad de que el tratamiento me dejara estéril. No ocurrió. Puedo tener hijos.

—Lo sé.

—Entonces también sabes que ya no había ningún motivo para conservarlas.

—Había uno.

Él soltó una risa seca.

—Robaste mi muestra para fabricar un hijo que te atara a mí.

—No la robé. Soy tu esposa.

—Solo en un documento. Y ni siquiera por mucho tiempo.

El rostro de Evangelina se tensó.

—Puedes romper todos los documentos que quieras, pero ese hijo seguirá siendo tuyo.

—Reconoceré al niño y cumpliré todas mis responsabilidades. Eso no significa que regresaré contigo.

—Hablas como si pudieras separar una cosa de la otra.

—Puedo y voy a hacerlo.

—¿Vas a divorciarte de la madre de tu hijo mientras está embarazada?

—Voy a divorciarme de una mujer que utilizó mi material genético sin mi consentimiento.

Evangelina apoyó una mano sobre su abdomen. El gesto consiguió que Adrián mirara hacia allí, aunque todavía no hubiera ningún cambio visible.

—Este bebé no tiene la culpa.

—No lo uses para desviar la conversación.

—No estoy desviando nada. Después de todo lo que pasamos, después de todos los intentos que fallaron, por fin funcionó. Podrías sentir algo que no fuera rabia.

—Tal vez lo sienta cuando consiga comprender que voy a ser padre de un hijo que nunca acepté concebir.

Ella parpadeó, herida, pero Adrián no supo si la emoción era real.

—Lo querías.

—Quise tener un hijo cuando todavía creía que nuestro matrimonio podía salvarse.

—Y ahora que existe, ¿vas a castigarlo porque ya no me amas?

—No vuelvas a poner palabras en mi boca.

Adrián regresó al escritorio, tomó el teléfono y buscó un número.

—¿A quién llamas?

—A un médico. Quiero que te examine hoy.

Evangelina se acercó y le quitó el teléfono antes de que pudiera iniciar la llamada.

—No.

La negativa fue demasiado rápida.

—No te estoy pidiendo permiso.

—Y yo no voy a permitir que conviertas este embarazo en una investigación policial.

—Utilizaste una muestra que debía haber sido destruida. Claro que voy a investigarlo.

—Investiga la clínica si quieres. A mí no vas a someterme a tus interrogatorios ni a una fila de médicos elegidos para complacerte.

—Quiero confirmar que estás bien.

—Mi médico ya lo confirmó.

—Quiero escuchar eso de alguien que no trabaje para ti.

Evangelina dejó el teléfono sobre el escritorio.

—Me marcho mañana.

—¿Adónde?

—Fuera del país. Necesito tranquilidad durante los primeros meses.

—No vas a llevarte a mi hijo sin decirme dónde estarás.

—¿Ves? Hace cinco minutos era un hijo que no aceptaste concebir. Ahora ya hablas como si te perteneciera.

Adrián apretó la mandíbula.

—No tergiverses lo que dije.

—Tu rabia, el divorcio, las amenazas contra la clínica... Todo eso puede afectarme. Ya perdí varios embarazos. No arriesgaré este porque tú necesitas controlarlo todo.

La mención de los intentos fallidos lo obligó a contenerse. Adrián recordaba aquellas esperas y la decepción posterior. Por más furioso que estuviera, no podía ignorar el riesgo.

Evangelina percibió la vacilación.

—No te estoy pidiendo que regreses conmigo —continuó con una serenidad calculada—. Solo que no conviertas los primeros meses de tu hijo en una guerra.

—La guerra la comenzaste tú.

—Y tú decidirás si también quieres librarla contra él.

Guardó el informe en el bolso y caminó hacia la puerta.

—Evangelina.

Ella se volvió.

—El embarazo no detendrá el divorcio.

—Eso lo decidirás cuando comprendas lo que significa perderte cada momento de la vida de tu hijo.

Salió antes de que Adrián respondiera.

Una vez dentro del automóvil, Evangelina esperó a que el conductor cerrara la puerta y llamó a Esteban.

—Lo creyó.

—¿Y si exige comprobarlo?

Evangelina miró el edificio a través de la ventanilla.

—Para eso tenemos el embarazo de Valentina. Mientras esa mujer siga embarazada, Adrián no descubrirá nada.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP