Katerin hablaba con tono dolido frente a las otras secretarias, mientras sorbía de su café como si la escena del pasillo no le hubiera afectado. Sin embargo, sus ojos brillaban con furia contenida.
—Esa mujer me odia —se quejó con la voz ligeramente temblorosa—. Me avergonzó frente a todos… y fue solo un maldito accidente.
—Deberías tener más cuidado —le advirtió una de las secretarias con tono neutral, tratando de no involucrarse demasiado.
—Solo somos empleadas —replicó otra, encogiéndose de