Katherine salió enseguida al encuentro de Jasper, con la preocupación pintada en el rostro.
—¡Cariño! ¿Estás bien? —preguntó, intentando tocarlo.
Pero Jasper la empujó. No fue un golpe, pero sí un rechazo brusco, nacido de la ira que todavía corría por su cuerpo. Katherine perdió el equilibrio y cayó sentada sobre el sofá, aturdida.
Por un segundo, sentí lástima por ella. Verla así, despreciada por el hombre por el que había traicionado todo, era patético.
Pobrecita..., pensé, pero mi compasión