El amigo de Jasper soltó una risa nerviosa que resonó en todo el reservado, rompiendo el silencio sepulcral por un segundo. Intentó intervenir, sintiendo que el aire se estaba volviendo irrespirable. —Bueno, sigo yo... —empezó a decir, tratando de aligerar el ambiente.
Pero Jasper, que había mantenido la mirada clavada en Damián con los ojos entrecerrados, ni siquiera lo miró al cortarlo de golpe. —No. Sigo yo —ladró.
Todos guardaron silencio de inmediato.
Ya, demonios..., maldije por dentro, s