Nos adentramos en la ciudad. Ya de noche, las luces de neón rodeaban todos los edificios del Distrito Central con un resplandor febril. A través del cristal tintado del auto, veía pasar la vida nocturna: parejas elegantes, hombres de negocios hablando por auriculares, mujeres en compañía de hombres muy prominentes. Nada era extraño a mi vista. Ya me había acostumbrado a este ambiente. Era la jaula de lujo que había elegido, y mi memoria me lo recordaba sin piedad.
Recordé que Jasper siempre ama