El auto se detuvo en medio de la nada. Los faros se apagaron, sumergiéndonos en la penumbra de un bosque denso que parecía tragarse cualquier rastro de civilización. El silencio que siguió fue casi doloroso.
—¿Por qué me trajiste aquí? —pregunté, mi voz rompiendo la calma estática del interior del vehículo.
Damián apagó el motor por completo. Se quedó un momento en silencio, con las manos aún apoyadas sobre el volante, como si estuviera buscando las palabras exactas entre las sombras.
—Te traje