El sonido metálico de la pala golpeando el objeto enterrado resonó en el aire húmedo del jardín como una campana fúnebre. Ethan soltó una maldición entre dientes y arrojó la herramienta a un lado, arrodillándose en la tierra negra. Sus manos, ya cubiertas de lodo y sangre por las uñas rotas, escarbaron con una voracidad animal hasta desenterrar una caja fuerte portátil de acero reforzado. Era pesada, vieja y estaba cubierta de una pátina de óxido y tierra acumulada durante años.
—Al fin... —