Narrado por Drex
Brienna y yo nos sentamos en una mesa cerca de la entrada, porque cuando llegamos no había otra libre. Pedimos dos cervezas artesanales —ella insistió en que probáramos la misma, “para comparar opiniones”—, y durante la primera ronda hablamos de las cosas que ella quería hacer en la casa y con las que yo podía ayudarla.
Cuando el camarero pasó de nuevo, ella levantó la mano con una sonrisa traviesa.
—Otra ronda, por favor.
La miré alzando una ceja.
—¿No prefieres que pidamos al