Narrado por Drex
El sofá era un maldito castigo. Pequeño, duro, con un resorte que se me clavaba en la espalda cada vez que me movía. Pero era el precio por no haberle puesto el pijama a Brienna. Después de su numerito borracho, negándose a vestirse y metiéndose bajo las sábanas casi desnuda, no había forma de que durmiera a su lado así. No anoche, no con el deseo que ya sentía filtrándose de ella durante el día, y menos con el alcohol soltándole todo.
Me quedé en el sofá, con una manta fina qu