Narrado por Drex
El despacho todavía se me queda pegado en la piel cuando salimos. No es algo que se sacuda con un par de pasos. Se queda en la nuca, en los hombros, en esa tensión que no se va, aunque ya no estés frente a él. Brienna camina a mi lado sin hablar, y no necesito mirarla para saber que lo sintió todo igual. La tengo cerca, lo suficiente para notar su calor atravesando la tela del vestido cada vez que su brazo roza el mío. Mantengo el paso firme. No quiero que nadie vea dudas en mí