Narrado por Brienna
Miro hacia la ventana. La luz pálida del amanecer me quema en los ojos.
Mi piel está helada, pegajosa de sudor seco y sangre. Cada respiración duele. Los músculos del abdomen se contraen en espasmos involuntarios, como si todavía sintieran el peso de él encima. Las manos me tiemblan sin control; ni siquiera consigo cerrar los dedos en un puño decente. La cama está medio caída, el somier torcido, el colchón hundido en un lado por las horas que pasamos forcejeando, o más bien,