Capítulo LVII
El caos estalló en la cabaña como una tormenta desatada. El aire vibraba con el rugido de los rotores de los helicópteros, y el polvo se arremolinaba en nubes espesas que ocultaban parcialmente la escena. Brienna yacía en el suelo de la habitación, un charco de sangre extendiéndose bajo su cuerpo maltrecho. Su rostro estaba hinchado, los labios partidos, y su respiración era un hilo débil, irregular. Isaelle Moonridge, la esposa de Lucan, se cernía sobre ella como una depredadora triunfante, su