Después de dejar a Annie en su casa, Anthony condujo directamente hacia la clínica, con la mirada fija en la carretera y la mente girando en torno a una sola idea; el tiempo se estaba agotando.
El silencio dentro del coche se volvió pesado, casi asfixiante. Todo había cambiado en cuestión de horas. Remigio estaba vivo. Y eso, lejos de tranquilizarlo, lo colocaba en un terreno mucho más peligroso.
Repentinamente su teléfono vibró sacándolo de sus cavilaciones. Anthony lo tomó sin apartar demas