Natasha se quedó sentada, inmóvil, con las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada perdida en algún punto invisible de la habitación. La preocupación le oprimía el pecho. Anthony le había dicho que Remigio estaba con vida, pero no le había dicho dónde.
Necesitaba verlo, hablar con él. Necesitaba comprobar, con sus propios ojos, que aún estaba allí.
El recuerdo de aquella noche apareció, inevitable, en su mente.
Natasha permanecía recostada sobre el pecho de Remigio escuchando su cora