Desde la biblioteca, Charles vio entrar a su yerno en la casa. Minutos después escuchó el llanto de su hija Alice. Con enojo estrujó el cigarrillo que acababa de encender en el cenicero de cristal, se dirigió al escritorio, cerró la carpeta de documentos y se dispuso a salir para confrontar a Thomas.
Justo en el momento en que se dirigía la puerta, esta se abrió. Pensó que se trataba de él, y sintió cómo su cuerpo se tensaba.
—Imbécil —escupió sin más. Pero luego frunció el entrecejo al ver