El lunes, a primera hora, Thomas llegó a la oficina. El lugar se sentía distinto sin la presencia de Annie. Caminó hasta su despacho y, casi sin querer, dirigió la mirada hacia la puerta que antes siempre estaba entreabierta. Ahora estaba cerrada.
Se quedó unos segundos mirando, como si esperara verla aparecer en cualquier momento, pero nada ocurrió. Cuando se levantó para salir, la puerta de su oficina se abrió.
Jimmy entró acompañado.
—Buenos días —dijo con voz amable—. Te presento a Julia