Caminó hasta la estación del subterráneo sin mirar atrás. No quería llegar a casa todavía. No quería hablar con su madre. No quería explicar nada. Solo necesitaba desahogarse y sentirse libre por lo menos un par de horas. Necesitaba estar sola.
Cerca de la estación vio una pequeña plaza. Había algunas bancas y un área de juegos infantiles. Avanzó y se sentó en una de las banquetas, apoyando los codos sobre las rodillas. La brisa del atardecer era cálida. Los niños corrían de un lado a otro, pe